

La reconstrucción de la Catedral de Notre Dame en París es definitivamente la obra del siglo. No solo porque se ha conseguido completar en un tiempo récord de cinco años y medio, sino porque estamos ante un hecho inédito en el que el uso de tecnologías avanzadas y la ejecución artesanal se dan la mano para recuperar todo el esplendor del templo. En este post tan especial te contamos datos curiosos y te mostramos las entrañas del proceso arquitectónico.

Tras el grave incendio que sufrió el edificio en abril de 2019, las especulaciones sobre cómo sería una modernización de Notre Dame no tardaron en aparecer. Incluso se convocó un concurso de ideas internacional, donde pudimos deleitarnos con las ideas más locas y algunas otras muy interesantes.
Tras varios debates, el equipo de arquitectos jefe de monumentos históricos decidió que lo más sensato era una reconstrucción en Notre Dame exacta a los elementos afectados del siglo XIII y respetar el último diseño del siglo XIX por Viollet-Le-Duc:
A decir verdad, esta opción conservadora fue mayor reto que haber optado por un proyecto industrializado e innovador como estamos acostumbrados. Imagínate tener que encontrar en pleno siglo XXI a maestros artesanos canteros, carpinteros, techeros, etc. ¡Que fueran capaces de aplicar las técnicas constructivas como en la Edad Media! En el proyecto fueron necesarios 2000 especialistas. Más adelante verás en qué consistió su trabajo :-).

Pese a que las técnicas de ejecución estipuladas debían ser “a la antigua usanza”, ¿Por qué no recurrir a las fortalezas de la digitalización? A raíz de superponer escaneos anteriores y otra medición con el estado actual se obtuvieron datos necesarios para crear un gemelo digital y redactar el proyecto:

Si ya visitaste Notre Dame antes del incendio de 2019, te habrás quedado de piedra (y nunca mejor dicho) al ver su imagen tras la restauración: no, no la han pintado de blanco, sino que ¡todos los sillares y esculturas están limpios de nuevo tras cientos de años!
El objetivo de la reconstrucción en Notre Dame consistió en reproducir de forma idéntica el estado original, y para ello los materiales empleados debían asemejarse al máximo a los preexistentes, en propiedades y en apariencia.
Para llegar a este punto de perfección, los científicos entraron en escena e investigaron sobre el origen de los materiales utilizados en la construcción original. Estamos hablando, por ejemplo, de madera procedente de bosques ¡de hace 800 años!
Notre Dame fue construida en el siglo XII con madera, piedra y metal. Para devolverla a su estado inicial, se emplearon en total:

De hecho, los expertos afirman que estas grapas de hierro contribuyeron a la estabilización del edificio tras el incendio de abril de 2019, ¡habiendo evitado incluso el derrumbe total!

Los trabajos preliminares de desescombro y limpieza fueron imprescindibles para poder trabajar en condiciones sobre la mole gótica:
En el interior de la Catedral estuvieron muy ocupados: hubo que realizar una labor minuciosa de limpieza de todas y cada una de las superficies interiores, incluidas las esculturas. El plomo de las cubiertas se había fundido, pulverizado y quedó impregnado por todos los rincones de Notre Dame. El ambiente era por tanto extremadamente tóxico y perjudicial para la salud, además de que los sillares habían acumulado sales y humedad a raíz de los trabajos de extinción.

500 toneladas de andamios envolvían todavía la aguja desaparecida por el incendio. Para ello, un efectivo de operarios sin miedo a las alturas se dedicó a desmontar cada uno de los 40000 postes metálicos hasta despejar por completo el edificio.
A partir de estas tareas de limpieza, los constructores tenían el campo despejado para recuperar el esplendor de la Catedral más famosa de Francia.

En el caso de las bóvedas de la Catedral, aquellas que estaban debajo de la aguja fueron las más afectadas. El crucero quedó totalmente destruido por la caída de la espiral. Otras colapsaron y quedaron dañadas por el calor del incendio o por el líquido de extinción.
Para poder reconstruir y reparar, primero se construyó un apuntalamiento de madera con la forma de los arcos y para dar estabilidad al conjunto.
Los maestros canteros actuaron con precisión restaurando las conchas de piedra tal cual y con los métodos de construcción originales utilizando mortero de cal en las uniones. Ver las fotos de los especialistas trabajando a 20 metros de altura es impresionante.

Las estructuras de madera en las cubiertas de Notre Dame eran una maravilla de la ingeniería medieval. Conocido como “el bosque”, el techo de Notre Dame está considerado como el más complejo de Europa. Tras la tragedia de 2019, el bosque completo quedó reducido a cenizas. Para su reconstrucción fueron necesarios 700 m3 de madera maciza de roble y uno de los retos en el proyecto fue volver a fabricar las estructuras trianguladas que soportaban todas las cubiertas de la nave central y del transepto.
¿Cómo fue posible semejante trabajo en tan poco tiempo? Por suerte, el arquitecto francés Rémi Fromont, dedicó todo el 2014 a mapear cada centímetro del bosque de Notre Dame, con lo que el equipo del proyecto tenía toda la información de las estructuras desaparecidas.
También hubo que reclutar a una flota importante de carpinteros artesanales capaces de transformar con sus hachas los troncos de roble centenario en vigas dignas de un templo gótico. Aquí no valía la técnica de corte moderno mecanizado y demás tecnologías actuales, se trataba de conseguir exactamente lo mismo a lo que había.
En palabras de Fromont: «La vamos a replicar a la perfección, porque si no la estructura se comportaría de una forma distinta».
Como ves, en este caso el tándem digitalización-artesanía también funcionó a la perfección.

La pregunta del millón: ¿Cómo consiguieron reconstruir al milímetro la aguja neogótica diseñada en el siglo XIX por Viollet-Le-Duc? ¿Desde la estructura hasta el último acabado del tejado de plomo? De nuevo, el tándem digitalización-artesanía dio sus frutos.
Por suerte se conserva información suficiente para reproducir digitalmente el diseño original de la aguja. De esta forma se pudieron ajustar el cálculo de la estructura y realizar el despiece preciso de 140 toneladas de láminas de plomo.
Una vez se tuvieron los planos preparados, los diferentes gremios se pusieron manos a la obra. Similar al caso de las cubiertas, la aguja está formada por un «esqueleto» de madera y un tejado de plomo adornado con figuras naturales y animales. Como peculiaridad, las técnicas de corte y construcción son del siglo XIX con lo que son más avanzadas que en el medievo, con lo que el equipo de carpinteros fue diferente al que actuó en las cubiertas.

Con esta reconstrucción en Notre Dame hemos tenido oportunidad de ver las diferentes capas de las que se compone la aguja e impresionarnos cómo trabajaban los maestros artesanos a la hora de montar las piezas in situ.

Y para culminar la obra maestra, la aguja neogótica queda coronada a 96 metros del suelo con una cruz y el gallo de oro, símbolo de Francia.
Desde luego que el dicho «no hay mal que por bien no venga» encaja a la perfección con la reconstrucción de Notre Dame. Tras el catastrófico incendio, hemos sido testigos del espíritu de superación que tiene el ser humano para que Notre Dame vuelva a resplandecer, gracias a la combinación de las técnicas de ayer y de hoy.
