

“El arquitecto no tiene que inventar formas, pues eso es orgullo y petulancia, sino que las formas ya están ahí todas, inventadas y disponibles. Lo que tiene que hacer el arquitecto es resolver los problemas técnicos, funcionales y temáticos, y elegir para ello las formas que mejor le convengan.”
Luis Gutiérrez Soto

Te presentamos a Luis Gutiérrez Soto, el arquitecto más prolífico y versátil del siglo XX en España: con 650 obras construidas, fue único en diseñar con soltura desde edificios expresionistas, hasta tradicionalistas neoherrerianos e incluso rascacielos al más puro estilo neoyorquino.
Gutiérrez Soto nació en Madrid en 1900 en Madrid y sus inicios profesionales estuvieron marcados por los cambios políticos en España, el surgimiento de las nuevas vanguardias arquitectónicas en Europa y la aparición de nuevas tipologías edificatorias, como los cines y los aeropuertos.
Podemos definirle como un arquitecto funcional, racionalista y «todoterreno»: aunque él se definía como un especialista en vivienda, le tocó “hacer de todo”. Casi todos sus edificios están en Madrid, muchos de ellos forman parte de la memoria colectiva de los madrileños.
Si tuviéramos que definir con una frase el estilo arquitectónico de Luis Gutiérrez Soto, esta sería “lo que diga el cliente”. Bien porque le tocó trabajar en una época de cambios en lo político y lo cultural, bien por gusto a los nuevos retos, nuestro arquitecto no se identificó con ningún estilo plástico y adoptó una estética siguiendo el gusto de sus clientes. Cuesta creer que el teatro Barceló y el Cuartel del Ejército del Aire salieran de la mima mano, ¿Verdad?
Quizás por este estilo camaleónico sumado a su indiscutible talento, Gutiérrez Soto caló en la alta sociedad madrileña y fue figura clave en dar forma a la vanguardia del siglo XX en España: con él nacieron nuevas tipologías de edificios como cines, aeropuertos y grandes almacenes, nuevos estilos como el neoherreriano e hizo aportaciones a la vivienda colectiva que aún perduran.
En las siguientes líneas conocerás tras qué edificios famosos de Madrid se esconde la hábil mano de Soto y demás curiosidades.
La primera etapa de Gutiérrez Soto como arquitecto fue una de las más creativas y productivas. La década de 1920 hasta la guerra civil en España estuvo marcada por los encargos de cines, salas de espectáculos y bares, hasta un total de 30. ¡Hacía proyectos como churros!

¿Te hubieras atrevido recién salido de la carrera a diseñar un cine para mil personas en pleno centro de Madrid? Gutiérrez Soto no se lo pensó dos veces y aceptó el proyecto del Cine Callao, su primer gran encargo, lo que le catapultó como especialista en arquitectura de cines.
El Cine Callao era una de las primeras salas de entretenimiento en la recién creada Gran Vía, considerada el nuevo Broadway madrileño. Por lo que Soto proyectó un edificio de porte monumental y elegante, con cierto aire vienés. Además, el torreón de la esquina tenía un faro luminoso para llamar la atención a los transeúntes.
El interior del edificio albergaba una sala central de cine con aforo para 1300 personas, y además otras salas de ocio como un billar, cafetería y terraza accesible y transformable en cine al aire libre para 800 personas. Todas las salas estaban también decoradas con materiales nobles como el mármol, tapicerías color violeta y con acabados dorados.

Esta joya ubicada en pleno barrio de Tetuán, ahora convertida en comercio, fue todo un ejemplo de arquitectura expresionista y racionalista en España: el edificio original fue construido en 1928 con claras referencias estilísticas a la arquitectura de Eric Mendelsohn y era considerado uno de los mejores cines de Madrid.

El edificio tenía una distribución funcionalista y albergaba una sala central y en la esquina un bar americano independiente al cine con salas de billar y de tertulias.

Junto con el Cine Europa, el Cine Barceló fue creado como templo del ocio madrileño en la década de 1930 y también es un ejemplo excelente de arquitectura expresionista en España.
Aunque ahora los espacios interiores son diferentes, el edificio acogió en su día una sala de cine y actuaciones con aforo para 1200 personas, un cine al aire libre en la azotea y una sala de fiestas con bar en doble altura en las plantas sótano.

En el Cine Barceló Gutiérrez Soto demuestra su genialidad tomando como eje de referencia la diagonal del solar. Así pudo encajar el volumen y la accesibilidad de la sala principal, ya que el solar era relativamente pequeño. En consecuencia, abrió la entrada principal en el vértice y diseñó ambas fachadas simétricas. Esta distribución racionalista se hizo eco a nivel internacional, tanto que mereció un apartado en el “El arte de proyectar en arquitectura” de Neufert :-).

El bar Chicote en la Gran Vía lleva siendo punto de encuentro entre artistas y símbolo de modernidad desde los años 1930. En este caso Luis Gutiérrez Soto vuelve a ser pionero diseñando el local tipo “bar americano”.
Como ves en la planta, distribuye el local en dos espacios principales: una sala más pública, en contacto directo con la calle y con grandes ventanales, como si fuera el escaparate del bar; y una segunda zona longitudinal más tranquila donde ubica la barra y una hilera de tabiques y asientos curvos que dan un toque de estilo a la sala.
Como consecuencia de su éxito como arquitecto “de cines”, Luis Gutiérrez Soto recibió sus primeros encargos de vivienda para clientes de clase alta. Y ya tras la guerra civil, se hinchó a reconstruir los distritos “pudientes” de Madrid:
Si recorres las calles del barrio de Salamanca y Chamberí y alzas la vista, encontrarás por doquier los típicos bloques de vivienda con fachadas de ladrillo visto, remates en piedra caliza y con chaflanes, terrazas y miradores redondeados. ¡Enhorabuena! Acabas de encontrar un edificio de Gutiérrez Soto, o al menos uno inspirado en él ;-).
Aunque el grueso de estos edificios residenciales es de los años 40-50, donde encontramos una estética marcada por el gusto de los promotores franquistas, en sus últimas décadas proyectó un par de edificios muy interesantes. Veamos de cuáles se tratan:

Estás ante el típico edificio de viviendas proyectado en la postguerra por Gutiérrez Soto: fachadas en ladrillo visto, con esquinas y cornisas en piedra y planos curvos. En este edificio construido en 1945 en el barrio de Salamanca vivió y trabajó sin descanso nuestro arquitecto.
Como ves, la estética tras la guerra cambió radicalmente y parece no haber rastro de la racionalidad ni el expresionismo. En realidad, sólo en el aspecto exterior, porque Gutiérrez Soto siguió siendo maestro en distribuciones interiores funcionales y abrir amplios balcones, sólo que “disfrazados” con el gusto estético del cliente.
Como curiosidad, el edificio acaba de ser rehabilitado por Touza Arquitectos, adaptándolo a viviendas de lujo.

Esta torre de viviendas construida en 1972 es una auténtica ciudad-jardín extruida en altura. Ubicada en una zona privilegiada de Madrid, Gutiérrez Soto diseñó la planta de forma que todas las viviendas tuvieran vistas al parque de El Retiro.
El edificio se compone de un basamento aterrazado de tres alturas que alberga locales comerciales, oficinas y apartamentos, y el volumen de torre con cuatro viviendas por planta. El ladrillo es el material exterior único, que el arquitecto empleó para contrastar con las jardineras en altura.

La última gran obra residencial de Gutiérrez Soto es este tesoro oculto en Madrid: las llamadas “Pirámides de Potosí” consisten en tres bloques de vivienda monolíticos escalonados y con largas terrazas y jardineras. A mí me recuerdan mucho a las pirámides aztecas, pero ya sabemos que a Gutiérrez Soto poco le importaban los parecidos estéticos.
La inclinación de las fachadas garantiza la entrada de luz natural también en las terrazas inferiores y le aporta singularidad al conjunto.

Nos paramos brevemente en los proyectos religiosos de Gutiérrez Soto. Situada en pleno barrio de Salamanca, el edificio de Sta. María del Monte Carmelo es una iglesia peculiar: en el proyecto el arquitecto aplicó sus conocimientos en arquitectura de cine proyectando una tipología religiosa diferente, con resultados excelentes:
Gutiérrez Soto también destaca por haber sido el primero en diseñar nuevas tipologías arquitectónicas, además de los cines. Hablar de su obra institucional y de edificios terciarios lleva implícita la historia del siglo XX en España.

Si te digo que Gutiérrez Soto se construyó medio Madrid, es por algo. Ya ves, ¡hasta fue el autor del aeropuerto original de Madrid-Barajas!
El concurso lo ganó Gutiérrez Soto con el ingeniero Marqués de los Álamos y el proyecto consistió en el diseño de un bar-restaurante (en la imagen de arriba), un hangar, garaje, taller y la primera terminal de pasajeros de la historia del aeropuerto.
Al tratarse de un equipamiento con gran proyección internacional, Gutiérrez Soto diseñó edificios vanguardistas con claras referencias al modernismo y los “5 puntos de la arquitectura” de Le Corbusier: la planta libre con estructura en pilotes de hormigón, lo que liberaban las fachadas de elementos estructurales, los ventanales panorámicos que proporcionan la entrada de luz natural y cubiertas accesibles ajardinadas.

Los madrileños en la época de su construcción apodaron al complejo como el “Monasterio del Aire”, por sus semejanzas con El Escorial. ¡No iban mal encaminados! Está claro que el Ministerio del Aire recuerda mucho al Monasterio del Escorial en tamaño, forma y proporciones, en sus 4 torres y en las cubiertas inclinadas y chapiteles de pizarra. ¿Por qué?
En los años 1940 de autarquía en España, las nuevas autoridades se posicionaron contra las tendencias racionalistas en Europa y a favor de una arquitectura historicista, con lo que Gutiérrez Soto se puso a trabajar fiel al gusto de su cliente, definiendo un nuevo estilo: el “neoherreriano”.

En contraste con el proyecto del Ministerio del Aire, pese a haber sido construidos a la par en los años 1940, el Edificio Galerías Preciados (ahora Fnac Callao) destaca por su modernidad y racionalismo.
Además, estamos ante el primer edificio de grandes almacenes construido en España. Interesante ¿verdad? El promotor importó el modelo de la cultura americana, donde los grandes almacenes ocupaban manzanas enteras en los centros urbanos.
El edificio actual es el resultado de una construcción en varias fases: el bloque inicial tenía 5 plantas y lo constituía el volumen más cercano a Sol, digamos, lo que es ahora la parte trasera. Poco a poco el promotor fue adquiriendo los inmuebles que daban a la plaza de Callao y así pudo ampliar el centro con un segundo volumen más alto y esbelto, lo que resultó un pequeño rascacielos urbano imitando el estilo norteamericano.

Terminamos nuestro paseo monográfico sobre Luis Gutiérrez Soto en Madrid con uno de sus últimos proyectos, terminado en 1971: La sede general de la aseguradora La Unión y el Fénix Español en el Paseo de la Castellana 33, en Madrid.
En el proyecto Gutiérrez Soto diseñó un complejo de dos volúmenes, uno de 5 plantas y una torre de 19, basados en la estética de rascacielos neoyorquinos y el art decó.
El volumen en torre lo concibió como un pedestal de 4 crujías superpuestas en altura y coronado por la escultura emblema de la compañía, condición obligatoria del promotor. Los revestimientos exteriores en mármol negro y el despiece vertical de las fachadas quieren transmitirnos modernidad y solidez, los valores de la compañía en aquel momento.
Durante los proyectos que hemos ido viendo, para Gutiérrez Soto la técnica y el ingenio espacial eran prioritarios frente al “vestido” del edificio, y en la sede de La Unión y el Fénix no iba a ser una excepción: dentro de la piel neoyorquina volvemos a encontrarnos con unas oficinas funcionales y bien proporcionadas.