RetoKömmerling
Inicio / Blog / Actualidad / Ya tenemos ganadores del II Premio de Arquitectura Reto Kömmerling

Ya tenemos ganadores del II Premio de Arquitectura Reto Kömmerling

Hay momentos en los que el sector se mira al espejo y reconoce que tiene que cambiar no solo lo que construye, sino cómo lo construye. El II Premio de Arquitectura Reto Kömmerling nace exactamente de ahí: de la necesidad de poner el foco en los procesos de trabajo de los estudios, en sus decisiones cotidianas, antes que en la foto final del edificio terminado.

En esta segunda edición, celebrada el 27 de noviembre de 2025 en el Palacio de Neptuno (Madrid), el premio ha querido visibilizar a quienes ya están transformando la profesión desde dentro: estudios que trabajan con rigor técnico, sensibilidad social, compromiso ambiental y una forma distinta de entender el encargo arquitectónico, tanto en vivienda unifamiliar como en vivienda colectiva.

Del “proyecto ganador” al “reto común”

La idea que sostiene el premio es sencilla, pero profundamente disruptiva: en lugar de premiar un edificio icónico, analizamos cómo se trabaja puertas adentro de los estudios. Cómo se toma la primera decisión de diseño. Cómo se ordenan los datos. Cómo se integra a las personas usuarias. Cómo se piensa la sostenibilidad más allá de una memoria justificativa.

                                                       

De ahí surge el concepto de “reto común”: transformar el sector no desde grandes gestos aislados, sino desde las decisiones de cada día. No es un premio a la imagen, sino a los criterios. No a la pieza final, sino al camino que la hace posible.

El Jurado no lo tiene nada fácil; su labor no ha sido elegir “el edificio más espectacular”, sino identificar aquellas metodologías que mejor conectan eficiencia ambiental, impacto social, trazabilidad, coherencia entre vida y práctica, y capacidad de ser replicadas y escaladas.

Un premio que mira hacia adentro

Tras el cierre de la convocatoria, todas las candidaturas fueron evaluadas por el Comité Técnico. De ese análisis surgieron tres finalistas por cada categoría (vivienda colectiva y vivienda unifamiliar) que pasaron a una segunda fase muy particular: llevar una cámara al lugar donde realmente sucede la arquitectura, el estudio y la obra.

A cada finalista se desplazó un equipo de grabación para realizar una videoentrevista en profundidad. No se trataba de un making-of amable, sino de una herramienta de evaluación: las preguntas del jurado, formuladas a partir de la documentación de la inscripción, buscaban entender cómo se toman las decisiones, cómo se gestiona la relación con el cliente y las futuras personas usuarias, cómo se incorporan los datos técnicos, cómo se aborda el presupuesto, qué peso real tiene la sostenibilidad en el proceso y no solo en el discurso.

El jurado visionó después estas entrevistas para completar su valoración. Porque, al final, la mejor forma de entender un método de trabajo es escuchar a quien lo practica, en su espacio, con su equipo, contando lo que normalmente no sale en las fotos de arquitectura.

Una gala para hablar de neurociencia, vivienda y futuro

La gala de entrega de premios en el Palacio de Neptuno fue mucho más que un acto protocolario. Conducida por la periodista y presentadora Laia Ferrer, el tono se situó desde el principio en un punto muy claro: rigor, pero también emoción; técnica, pero siempre atravesada por lo humano.

La intervención de la experta en neurociencia Gladys Kali marcó uno de los momentos más potentes de la noche. Su mensaje fue directo: la forma en la que pensamos condiciona la forma en la que proyectamos, construimos y habitamos. “Cuando transformamos nuestra forma de pensar, también cambia la forma en la que construimos y habitamos el mundo”, recordó, conectando la neurociencia con el diseño de los espacios que habitamos a diario.

La arquitectura ante la crisis de la vivienda y el cambio social

En las intervenciones del jurado se dibujó un diagnóstico compartido: la sociedad está cambiando a una velocidad que la arquitectura no puede ignorar. La crisis de la vivienda no es solo un problema de metros cuadrados, sino de modelos: co-housing, co-living, senior housing, cooperativas, fórmulas que exploran maneras de compartir recursos, repensar la propiedad, reducir costes y reforzar la comunidad.

Se insistió también en la necesidad de mantener un equilibrio entre lo técnico y lo humano: la presión por incorporar tecnologías cada vez más complejas no puede eclipsar el objetivo principal de la arquitectura, que es cuidar, acompañar y facilitar la vida cotidiana. Un edificio bien pensado no necesita llamar la atención: se nota porque mejora el barrio, reduce el estrés, fomenta relaciones más sanas con el entorno y con los demás.

En su intervención, Bruno Sauer de Gren Building Council España subrayó algo que muchos sentimos en la práctica diaria: llevamos años trabajando, con más o menos éxito, el relato ambiental (energía, emisiones, normativa, certificaciones), pero si no somos capaces de integrar de verdad la dimensión social y humana, ese esfuerzo se quedará corto. De ahí la importancia de valorar el proceso por encima del producto, de entender la arquitectura como una práctica que se hace con otros: cliente, comunidad, administración, constructora, técnicos, futuros usuarios.

Por su parte, Ismael Martínez de Zero City puso nombre al hilo conductor de las propuestas finalistas: innovación social. Proyectos que simplifican lo complejo, que son económicamente viables, que construyen metodologías de diseño colaborativo “con y para” las personas, y que se pueden replicar más allá de un caso aislado. El reto ahora, apuntó, es compartir mejor esos “cómos” para amplificar su impacto.

Sostenibilidad como bien común

En la introducción de la entrega de premios, la dirección de Kömmerling, compuesta por Javier Bermejo y Roberto Taibo, pusieron el dedo en la llaga cultural: venimos de una tradición muy competitiva, también dentro del sector, y sin embargo la sostenibilidad exige exactamente lo contrario: compartir.

Compartir metodologías, errores, aprendizajes, soluciones. Asumir que, con un planeta de recursos finitos y 8.000 millones de personas, el único camino posible es el del bien común. Este premio, en ese sentido, quiere ser un pequeño dispositivo cultural: un lugar donde los estudios abren su cocina y muestran cómo trabajan, para que otros puedan aprender, adaptar y mejorar.

Los premiados: seis maneras de transformar la vivienda

Tras la deliberación, el jurado reconoció la madurez y diversidad de las propuestas finalistas, que combinan enfoques científicos, cooperativos y artesanales. Los premiados fueron:

Vivienda colectiva

  • Primer Premio: Lacol arquitectura cooperativa
    Por transformar la práctica arquitectónica en un proceso colectivo, donde la sostenibilidad se mide tanto en energía como en vínculos sociales y gobernanza del habitar.
    Se destacó la coherencia entre su vida y su práctica (viven en cooperativas), su impacto normativo logrando eliminar la obligatoriedad de aparcamientos en proyectos residenciales, la viabilidad social y económica del modelo y su cultura pedagógica y de transparencia.

  • Segundo Premio: sAtt Arquitectura Triple Balance – Distrito Natural
    Por su enfoque tecnológico y científico de la sostenibilidad, apoyado en herramientas propias como Ecómetro, y por ser capaces de escalar un modelo de promoción sostenible dentro del mercado inmobiliario tradicional, demostrando que otro desarrollo es posible sin salir del sistema.

  • Tercer Premio: Bunyesc Arquitectura Eficient
    Por su vocación experimental, su coherencia material y la puesta en valor de una artesanía contemporánea profundamente conectada con el territorio, que reformula la relación entre técnica, paisaje y cultura local.

 

Vivienda unifamiliar

  • Primer Premio: Slow Studio
    Por su coherencia radical entre diseño, materialidad y bioclimatismo, demostrando que la sostenibilidad doméstica puede alcanzarse desde sistemas pasivos, materiales locales y una relación intensa con el entorno. El jurado subrayó también su labor pedagógica, acercando la arquitectura ecológica a un público amplio.

  • Segundo Premio: Mol Arquitectura
    Por su compromiso con la rehabilitación y la industrialización ligera, ofreciendo respuestas técnicas sólidas con medios ajustados, especialmente pertinentes en el contexto gallego. Su metodología es clara, reproducible y consciente de las limitaciones reales del territorio.

  • Tercer Premio: Munarq Arquitectura
    Por una aproximación artesanal y sensible al lugar, la experimentación con materiales naturales y la integración poética del paisaje en la vivienda, mostrando que la escala unifamiliar también puede ser un laboratorio de innovación responsable.

Más que un premio: un movimiento en marcha

Para el Reto Kömmerling, esta segunda edición confirma que la arquitectura sostenible española está en un momento de madurez y diversidad. Conviven estudios que trabajan desde el dato y la trazabilidad, otros desde la cooperación y los modelos de gestión colectiva, y otros desde la delicadeza material y la relación con el territorio. Todos, sin embargo, comparten algo: entienden que la arquitectura no es neutra y que cada decisión deja huella.

                                                     

Con este premio de arquitectura, reafirmamos nuestro compromiso: apoyar una arquitectura que transforma, que mide su éxito no solo en kilovatios ahorrados, sino en su capacidad para crear comunidad, democratizar el acceso a la vivienda y mejorar la vida cotidiana de las personas. Y, sobre todo, queremos que este reconocimiento no se quede en una noche de gala. Queremos que inspire a otros estudios a revisar cómo trabajan, a compartir más sus métodos, a colaborar con otros agentes del sector y a situar a las personas en el centro del proyecto.

Nos vemos en el siguiente.

Foto del avatar
Jorge Consuegra
Arquitecto especializado en diseño estratégico y nuevas tendencias.

¿Te ha gustado el artículo? Compártelo!

2026 ® Kömmerling | Reto Kömmerling ® | Profine Iberia S.A. Unipersonal